jueves, 12 de noviembre de 2009

Duermes

Él hablaba de unas cuentas que había de pagar, y se preocupaba de los impuestos y las ganancias, yo miraba por la ventana, detrás de él, y fingía prestarle atención.
Sus ojos se iluminaban cada vez que me decía que lo tenia todo planeado y que no se le escaparía una a partir de hoy. Que estaríamos bien, que no me preocupara.
Por la ventana veía el atardecer rojo y algunas golondrinas huyendo apuradas del otoño. Se les hizo tarde. Detrás, unas nubes brillaban, un auto irrumpió mi silencio y vuelvo a él.
Recuerdo que me pare, lo tome de la mano, él me miraba como desorientado pero me seguía, parecía temblar, creo que siempre temblaba cuando yo actuaba sin hablar; frente a frente lo mire, como si lo viera por vez primera y notara la preocupación en su cara, sus ojos cansados y sus labios secos. Le cerré los ojos con mis manos y acerque mi boca a la suya, obedeció al beso y llevo sus manos a mi rostro, lo rodeo de calor y seguridad. El beso duro un segundo más que la eternidad.
Lo que sucedió después es secreto, es misterio, pero no rutina.

La ventana sigue abierta, ya es de noche, unos rayos de luna se cuelan en las cortinas del otoño.

Duermes.

martes, 10 de noviembre de 2009

En la nube roja

Mirar la vida de otros es simplemente un divertimento vespertino, seres antropomorfos inconformes, apilados y encapuchados. Como las bic.
Las aceras escalonadas son el puntapié inicial de alguna palabra vulgar o soez.
El que tiene pinta de judío mira distraido el pantalón de Raquel, ella le odia con el alma, se le nota pero espera que el sereno que cuida de noche la construcción vea al judío y experimente algún tipo de celo ocasional y estúpido. Eso quiere ella, ingenua queriéndolo ser.
El hombre buscando la caricia es el mismo que el que busca el mar para morir o la tormenta para llorar o la memoria para no olvidar. Los papeles se apilan en alguna biblioteca a oscuras y olvidada. Nada tiene que ver aquí el historiador-fabulador.
¿Quién teje? -Me pregunto. - Raquel se pregunta: ¿Quién desteje?
Madres pasean a los gritos a sus vástagos que en la inconformidad de su existencia pelean para lograr el poder y la independencia que en unos años más los alejara de su casa. El tiempo les mostrara que no hay nada más.
Los árboles se desnudan día a día, alguno parece feliz.

Los oráculos olvidan los presagios y confunden al espectador que nada tiene que hacer, más que esperar. Como todos los hombres en este mundo maldito por los dioses.

-Quizás el cielo arda un rato más-.

sábado, 7 de noviembre de 2009

El café


Quedándome con los silencios, entre otros que respiran lo que yo.
Ajetreos saturninos que despiertan los sonánbulos que llevamos dentro. Pasos y más pasos, risas y voces que no saben conversar. El grito gallego aturde si le prestas atención.
El café insípido, dado que siempre encuentro la falla, se deja sorber; lo que divide al agua amarronada y la posibilidad del sorbo es una nube de espuma. ¿Qué tendrá esa máquina que hace tanta espuma? El lugar nos garantiza que lo que consumimos no genera explotación, es decir, la mano de obra es regulada y los empleados perciben un salario justo y equitativo. Ojala sea verdad.
Hay migas en un extremo de la mesa y me pregunto hace cuanto tiempo están ahí, si las generé yo o ya estaban de antes, de la pareja que vi irse antes de seleccionar la mesa, la única mesa libre. Las migas son como tierrita, y pienso en la planta que no me compre, en el bonsái que tenía en ese departamento de Boedo, en la hilera de esos árboles que se encuentran en el paseo de la castellana.
Quizás el tiempo acabe por despertarme. Quizás lo que siento y vivo en mis pensamientos se termine plasmando en alguna ventana.
¿Cuantas veces te seguiré soñando? No sabía lo que era soñar despierta hasta este momento. A veces creo que me apoyo en tu brazo y me escondo y me ruborizo al darme cuenta que no estas allí, que solo es parte de mi imaginación. Que nunca ha sucedido y nunca sucederá. Este pensamiento me quitá la respiración, como las veces que pienso en nuestros besos imaginarios.

Una pareja se toma de las manos y se sonríen. ¿Sentirán lo que siento yo por ti en estos momentos? Una señora colorada come un muffin, como si fuera el último y debo hacer la vista a un lado, porque no me gustan este tipo de imágenes en mi cabeza.

La noche azul es lo mejor del día, hace frío plácido y mecedor, pienso en el café, en su sabor, en su color, en la idea del brebaje, en Proust y en la luna que no quiero mirar.

jueves, 5 de noviembre de 2009

El timonel

Laura conocía sus debilidades, sabía que por las mañanas solía pasear por las calles desde la ventana, que luego cerraría la ventana y dejaría corrida la cortina unos centímetros para que la luz solar iluminara el piso de ébano. Luego se afeitaría, mientras fuma un cigarrillo.
Ella le prepararía el mate, aunque lo odiara y se lo serviría encantada; encantada de hacerle bien, como agradecida por esos momentos de contemplación taciturna. Él le sonreiría, ante cada mate y no pronunciaría ni una sola palabra, hasta el final.

En las noches era un ángel que se movía al ritmo de cada campanada, de cada acústico.
Las cuerdas de esa guitarra olvidada vibraban toda la noche, ella soñaba con esa noche, con sus besos, con sus manos largas recorriendo cada centímetro de su cuerpo al jadeo, ella reconstruía su figura en cada caricia, él como olvidando el por que le seguiría el juego.
La noche pasa lenta y agitada, entre vino tinto, curvas y un cigarro ocasional, que ella comparte y endulzará la habitación, a ella le gusta creer que se impregnará también en esas calles azules que conforman su secreto.

A Laura le gustan sus secretos, algunos creen que ella vive por ellos, por las cosas que calla, cuando alguien la ve ella siente que se preguntan ¿quién es?, ¿qué esconde?, ¿qué calla?. Pero ella es libre así, sin contárselo a nadie, nadie sabe de sus amores, nadie sabe de sus tristezas, nadie sabe de sus fracasos, nadie sabe de sus viajes, nadie sabe de sus sueños. Ella cree que de esa manera no se ata a nadie.
Nadie dirige su vida. Esto es lo que le gusta de Elias, que nada le pregunta, sólo se aman toda la noche, sólo se sienten toda la noche, cuerpo con cuerpo parecen fundirse entre las sábanas, entre el sofá y el piso frió.

Al quinto mate, habrá de partir, ella no se apura pero tampoco lo retrasa. Se lo da, lo sorbe, se miran, le sonríe, toma su billetera, el bolso tejido y dice: ¡Hasta pronto! ¡Gracias!

domingo, 10 de mayo de 2009

Curiosidad - 1ra impresión

Anoche vi la película "La joven Jane Austen", estaba en el cable, y a pesar de que la encontré unos minutos empezada la vi hasta el final. No es una película difícil de seguir, muy lineal y convencional, se relata a modo de ficción la vida de la escritora. Con las matices propios del director.

Al final, me quedé pensativa, pues había leído en un cuestionario que ella formaba parte del romanticismo.

Si me pregunta que tipo de romanticismo, les diré, no se. Nada tiene que ver con el Sturm und drang (tempestad e ímpetu), o con Novalis, ni con Goethe.

Si me debo guiar por las impresiones de la película diré que en sus novelas Austen, parece reflejar la mentalidad de la época victoriana, quizás en el periodo de transición entre la regenta y la época victoriana.

Pero lo que me llamo la atención es sobre este cuestionario que, ponen entre otros a Tolstoi con "Anna Karenina", a Jane Austen con "Orgullo y Prejuicio" y a Judith McNaught, solo nombran a la autora.

Desconociendo a la autora, la busco por internet, seguidamente me sale la wikipedia con una leve biografía de la autora y la enumeración de los libros que fueron publicados, todos con títulos bastantes sugestivos, y al buscarlos en un catálogo de una librería, veo que hay muchos y que la mayoría de ellos tienen esa típica tapa que tanto he visto en librerías y que tanto me han disgustado siendo muy jovencita. Al machote con la damisela sedienta, con esos fondos romanos con sabanas colgando por aquí y por allí. Y no dejo de asombrarme pues, sólo es una primera impresión, pero me preguntó ¿como se llega a equiparar a Anna Karenina con este tipo de novelas (para mi más eróticas)? Cuando lo que Tolstoi hace es retratar a base de descripciones y análisis de los personajes la vida aristocrática de esos tiempos, con su moral y sus costumbres, lo mismo, considero, hace Austen.

Aunque si suponemos que la traducción Sturnm und Drang es correcta (tempestad e ímpetu) podríamos decir que las novelas de McNaught responden a esa lógica con lo desenfrenado de los términos, la tempestad refiere algo tormentoso y quizás apasionado e ímpetu podría referir un loco amor o la lucha de un amor no correspondido. Quizás como el romanticismo aboga por la exaltación de los sentimientos por sobre la razón se pueda decir que McNaught es romántica pero sí el prototipo de hombre romántico es Werther. un hombre que ama desenfrenadamente a una mujer que no le corresponde y que se suicida en vista de este tormento, ¿porque los críticos encasillan a Tolstoi a Austen y a McNaught? ¿Qué tienen en común?, ¿qué no?, ¿qué los hace más valerosos?, ¿qué los hace mas auténticos?, ¿qué hacen con la ficción?, y si yo nombrara a Madame Bovary. ¿En donde entraría Flaubert aquí? ¿Con qué escritores se correspondería?, ¿con McNaught? considero que no.

McNaught me parece que se aboca mas al erotismo que al romanticismo. No puede ser que esta respetada autora (en su campo) sea puesta con Tolstoi, y en menor medida con Jane Austen.

Si es que acaso intenta crear una ficción lo comprendo, enhorabuena, pero de ahí a retratar una sociedad, inverosímil es, pues la dominación sexual por parte del hombre y el arrebatamiento de la mujer por la experimentación ha quedado desechada hace mucho tiempo. No me considero feminista, pero considero que son dos, Tolstoi y McNaught, autores diferentes, con dos temáticas distintas, y puede que uno más respetado que el otro.

Ahora estoy leyendo "Orgullo y Prejuicio" de Jane Austen y luego leeré para hablar con más fundamento de causa alguna novela de McNaught y espero que no sea lo que pienso que es.

Si alguien quiere recomendarme una novela de McNaught se lo agradecería.

Posiblemente haya un nuevo romanticismo pero con una pizca (pizca es una palabra escrita con reserva) de erotismo, ya me informaré y seguiré este tema.

martes, 31 de marzo de 2009

Don Ántico

Marcela creía no ser observada, entró saltando el paredón rojo y cruzo la quinta de Don Ántico, pisando los almácigos; Marco le había dicho que por ahí podría entrar a su habitación sin mucha dificultad.

Vio al lado del limonero un balde de pintura, de esos grandes, de los que contienen 30 litros. Estaba vacío, creyó que poniéndolo boca abajo este aguantaría su peso, se subió, llego a la ventana la abrió y de un salto entro en la habitación.

Una vez allí, se acerco a la puerta apoyo la oreja e intento escuchar si había alguien en la casa. Una televisión hablaba sola o parecía hablar sola, estaba encendida en el canal ese donde pasan el programa de Ana Rosa.

Fue directo al armario, Marco le había dicho que debajo de un poncho marrón estaba el estuche, el poncho se lo había tejido su madre durante la dulce espera; ahora que ella ya no estaba con él era eso lo que lo mantenía unido a ella, como si las cosas unieran a las personas. Él se aferraba a eso, cada vez que tenía que dar un examén tocaba, antes de salir de su casa, ese poncho y siempre le iba bien, una vez no lo toco y saco un cinco, tuvo que repetir el examén y saco un ocho, esa fue prueba suficiente para que él creyera con ahínco que ese era su amuleto de la suerte.

Lo encontró justo donde Marco le había dicho, tomó el estuche se lo puso debajo de la blusa y ¡ala! a salir por donde había entrado. Se acerco a la ventana, vio que no había nadie e intento saltar, si lo hacía bien podía poner un pie en el balde y luego saltar al piso. Con mucho esfuerzo saco una pierna por la ventana y luego la otra, se resbaló y se cayó, no llego al balde. Se raspó las dos manos y cayó sentada. Nada grave, se dijo. Ahora le quedaba el paredón, entrar fue fácil pero salir y ¿sí justo pasa alguien? y la ve saltando por ahí, ¿que diría?, y sí Don Ántico pasa justo por esa calle; recordó que la televisión estaba encendida eso quiere decir que Don Ántico estaba dentro. ¿Por que le dirán “Don Ántico”? Que nombre raro. ¿Sobrenombre de que sera? Focus Marcela, pensó. Acercó el balde a la pared, se subió a el, miró para los dos lados de la calle y saltó, una vez allí camino con normalidad y se creyó libre, ya nadie le podría decir nada, que hacía, ni que llevaba, nada de nada. Al doblar la esquina Don Ántico la toma del brazo y ella creyéndose culpable tembló sin más...