martes, 10 de noviembre de 2009

En la nube roja

Mirar la vida de otros es simplemente un divertimento vespertino, seres antropomorfos inconformes, apilados y encapuchados. Como las bic.
Las aceras escalonadas son el puntapié inicial de alguna palabra vulgar o soez.
El que tiene pinta de judío mira distraido el pantalón de Raquel, ella le odia con el alma, se le nota pero espera que el sereno que cuida de noche la construcción vea al judío y experimente algún tipo de celo ocasional y estúpido. Eso quiere ella, ingenua queriéndolo ser.
El hombre buscando la caricia es el mismo que el que busca el mar para morir o la tormenta para llorar o la memoria para no olvidar. Los papeles se apilan en alguna biblioteca a oscuras y olvidada. Nada tiene que ver aquí el historiador-fabulador.
¿Quién teje? -Me pregunto. - Raquel se pregunta: ¿Quién desteje?
Madres pasean a los gritos a sus vástagos que en la inconformidad de su existencia pelean para lograr el poder y la independencia que en unos años más los alejara de su casa. El tiempo les mostrara que no hay nada más.
Los árboles se desnudan día a día, alguno parece feliz.

Los oráculos olvidan los presagios y confunden al espectador que nada tiene que hacer, más que esperar. Como todos los hombres en este mundo maldito por los dioses.

-Quizás el cielo arda un rato más-.

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