domingo, 18 de julio de 2010

Una tarde por Madrid

Seres universalmente solos deambulan por Madrid.

Con la mirada perdida. Buscan en el asfalto lo que no han encontrado por las veredas, que se confunden. El laberinto no te deja salir, te agobia y te invita a perder.

El sol de las tres de la tarde deja que te escondas de él, sin ofenderse, en algún bar cerca de Sol.
Y la copa no alcanza, el vino arde en tus venas y la desesperación por aplacar ese sensación te deja cometer, lo que los inconscientes llaman estupidez.