sábado, 14 de agosto de 2010

Retrospectiva

Me ha dejado de interesar el cielo.
Le presto atención a los pájaros, víboras y falda de hojas; pero el cielo ha pasado a ser un laberinto que no pienso volver a recorrer. Basta de pasadizos secretos en donde la ignominia se junta para molestar al hombre.

Uñas, crezcan y arañen todo lo que quieran; no tengan miedo a dañar.

¿Qué es eso del infierno?

El hombre que no se equivoca es él que no intenta. La inercia es propia del cobarde.

¡Inertes! No estorben mi camino, que a mis zapatillas las ¡lleva el diablo!

Te regalo la poética, dejare de ser lo que invente y te comenzare a hablar.

domingo, 18 de julio de 2010

Una tarde por Madrid

Seres universalmente solos deambulan por Madrid.

Con la mirada perdida. Buscan en el asfalto lo que no han encontrado por las veredas, que se confunden. El laberinto no te deja salir, te agobia y te invita a perder.

El sol de las tres de la tarde deja que te escondas de él, sin ofenderse, en algún bar cerca de Sol.
Y la copa no alcanza, el vino arde en tus venas y la desesperación por aplacar ese sensación te deja cometer, lo que los inconscientes llaman estupidez.

viernes, 4 de junio de 2010

Composición nro 26

Es un eufemismo, la instrucción cónica ha desfigurado la impresión que se tenía de este mundo.
No pretendo que comprendas. Lee.

Mientras los miércoles vomitan, jueves pierde la calma. ¿Has dejado de llorar?

Quienes golpean las puertas se cansan, la fatiga causa nauseas y el despertar del sol viernes produce jaqueca, ¿enumeración recóndita?

El primer día del mes es el último en caer en la cuenta, menos uno dividido tres.

Tres son multitud. Cambia las cortinas. El árbol que estaba desnudo se viste de gorriones. GRIS.

domingo, 23 de mayo de 2010

La silla del señor de arriba está boca abajo

La silla del señor de arriba está boca abajo y no la levanta, la escuche caer y no la ha levantado, lo sé porque no lo escuche arrastrarla, con sus temblorosas manos artríticas, hasta colocarla sobre sus cuatro patas.
La silla del señor de arriba está boca abajo y escucho el silencio de la siesta que no despierta ni al loro -loro que heredó forzosamente de Camille, que ladra y le hace compañía-.
La silla del señor de arriba está boca abajo y escucho como la gota golpea en el fregadero a pasos intermitentes y anuncia que son las cuatro y cuarto; previo a despertarse e ir a buscar a sus nietos a la salida del colegio.
La silla del señor de arriba está boca abajo y necesito ponerla en su lugar, me levantaré del sillón, dejaré de leer "Crimen y castigo", le tocaré el timbre, le preguntaré por Miranda y, como quien no quiere la cosa, acomodaré la silla.

...

Justo... justo a tiempo llega su hija, abre la puerta y grita.

sábado, 9 de enero de 2010

Billete sencillo

Se nota que ha llovido, el frío se levanta lentamente y la acera respira, respira hielo siberiano, respira barro y pisadas desordenadas, te extraña a tí.
Los rostros viajeros sueñan al mirar por la ventana, piensan y se dejan llevar por la maquinaria, nada más pueden hacer. ¿Hace cuanto esta funcionando esto? La disposición de las cosas nos vino impuesta, y hay muy poco por cambiar. Lo he contabilizado cada dos paradas sube o baja alguien, mi camino es más largo, del centro al bajo debe haber unos 45 o 50 minutos, sin contar los semáforos que me interrumpirán el tiempo, pero no el camino.
Un niño garabatea su nombre en el vidrio empañado, no llego a leerlo bien, parece escribir Marcos, una adolescente escribe con liquid-paper en el respaldo del asiento delantero, quizás su nombre y el del chico que por el momento le ha robado el corazón -¿Quién no lo ha echo alguna vez?-, el gordo frente a ella le mira la falda, pervertido.
Todos saltamos y nos detenemos al ritmo que nos impone el conductor y la rutina de los otros, que nos acompañan a la salida del autobus, que nos cruzamos al bajar, que nos cruzamos en el ascensor, en el supermercado, en el banco, en la escuela, en el hogar.
El sol nos miente con sus rayos, alguno le han creído y salieron con una chaqueta de jean y ahora se esconden debajo del cuello de la misma que nada hizo para que le respiren y le mojen con el vapor de esas bocas, mentirosas y ruines casi todas.
Los árboles de las plazas están desnudos y los gorriones se hamacan en sus ramas, la mayoría de esas ramas son muy delgadas pero ellos no se caen al aterrizar de su vuelo, -¿de dónde vendrán?- a ellos el frío no les engaña, salen en pareja y se juntan, abren su pecho y miran al sol, que suavemente les abraza.
El gordo baja en la misma parada que la chica, creo que no es bueno, creo que esta mal, creo que debería prevenirla, pero nada hago otra vez; para mi tranquilidad ella toma una dirección contraria a la del pervertido.
No quiero llegar al departamento, quiero seguir viajando, quiero que la maquinaria me lleve lejos, quiero perderme en esta inmensa y maravillosa ciudad y no encontrarme jamas, quiero mimetizarme con sus edificios grises, con sus calles y sus veredas, quiero dejar de existir como tal y olvidarme de todo lo que me rodea o lo que alguna vez me rodeo.
Nada de esto pasara, hasta que tú lo dispongas.

Bajo, la pendiente me parece fácil de subir, increíble siempre me agito, siento una fuerza que me empuja, siento ganas de correr, de saltar, de gritar. Llegaré a casa y pondré música.